viernes, agosto 10, 2007

El bals del limbo - Capítulo VIII

1

Cuando Elisa Berlín llegó a la ciudad con motivo de iniciar sus estudios de profesorado en historia, vivió por un tiempo en una pensión junto a unas compañeras de su pueblo natal. Si bien Elisa era muy sociable y activa (un full time de alegría y sonrisas) la relación con sus cohabitantes (estudiantes de biología con cara de sapo y amantes de las algas pegajosas) no tardó en volverse insoportable. Lo que le molestaba no era la prostitución gratuita que ejercían las poco agraciadas inquilinas, sino los molestos ruidos que hacían mientras dormían. En vez de roncar, cuando estaban internadas en el más profundo sueño, alternaban diferentes conjunciones gramaticales. Cuando la más gorda esbozaba entre babas “Marco”, la menos gorda respondía “!Polo!”. Por un tiempo fue agradable escucharlas porque las asociaciones solían ser novedosas: himnos tibetanos, yeites de jazz, grandes mentes de doble apellido y recetas de cocina. Pero cuando había que estudiar para un parcial o un final y las paredes retumbaban al ritmo de clichés futboleros, canciones peronistas y actores de Hollywood las cosas se pusieron turbias. Al principio un poco incómoda, y luego, más incómoda aún, decidió buscar una alternativa.

2

- ¿Puedo cambiar la música? – preguntó Daniel mientras miraba los discos de Eli apilados según una peligrosa arquitectura sobre el equipo de música del living.

- Si, fijate lo que hay. –respondió Elisa Berlín desde la cocina- Hoy compré unos en una disquería vieja, ya sabés que me gusta coleccionar vejestorios.

- Si fue una alusión a mi tía Blanca, creo que es bastante cruel de tu parte.

- Sabés que no es así. A tu tía la adoro, gracias a ella… - y suspiró.

- Me conociste a mi – completó la frase mientras le guiñaba un ojo y agitaba un cd de tango electrónico. Podría calificarse como un acto de neodandismo.

- Idiota.- refunfuñó y prosiguió – Gracias a tu tía tengo un techo libre anfibios caza moscas. Si no hubiese sido por ella, quién sabe que suerte hubiese corrido.

- Seguramente estarías soportando a tus amiguitas. – decía con aires arrabaleros mientras ponía play - ¿Bailamos? – sacó un sombrero del perchero y se lo puso a Elisa en la cabeza. Al mismo tiempo un señor habría la puerta del edificio para tirar la basura y en el departamento de al lado un grupo de doce veinteañeros descorchaban un champagne porque alguno cumplía años.

- Más bien. –y sonrió- pero cuidado con el jarrón chino.

- Y que no se te queme la comida.

Nadie dijo más nada por un rato.

3

Pasados diez minutos, la pequeña oficina ya estaba llena empleados intercambiando historias. Donde habían conseguido la corbata, por qué la habían elegido, cuáles eran sus gustos, sus comidas favoritas, sus restaurantes preferidos, el nombre de su esposa, números de la obra social, de teléfono, del videoclub, etc. De la voz de uno ellos, empezaron a surgir las respuestas pseudos y paracientíficas.

- ¡Sumemos la edad de todos! ¡Tal vez el resultado sea el año del fin del mundo! – propuso alguien.

- No, –rebatió otro con la misma corbata que el anterior- mejor llamemos a un especialista. Un espiritista, no sé…-.

Desde el fondo levantó la mano y pidió silencio alguien con la misma corbata que todos los demás y habló en tono temeroso.

- Yo creo que lo mejor va a ser llamar a la policía.

- Calma –pidió Héctor- ¿Alguien conoce a un especialista en este tipo de fenómenos? Antes de que el edificio se llene de periodistas es mejor que verifiquemos con alguien que sepa.

- ¡Yo conozco a alguien! –exclamó Paco, quien sintió cosquilleo en todo su cuerpo por la idea de un posible ascenso a corto plazo.- ¡Puedo llamarla inmediatamente!

- Podés usar mi celular –le dijo Héctor mientras le tendía con su mano un viejo aparato ya bastante golpeado por los años. Seguramente, tendría mejor señal que todos los celulares modernos de sus colegas cogotudos, y mucho más crédito. – Por favor, que nadie diga nada de esto a alguien externo, y que nadie salga de aquí. No sería bueno tener prensa hasta que se esclarezca todo, entorpecería todo. ¡Este fenómeno merece una respuesta!

- Va a ser muy extraño que un periodista llegue hasta aquí – dijo alguien que había estado en la oficina y volvía del lavatorio. – Prendan los televisores.

4

Hola, este es el contestador automático de Blanca Moscú y Eli Berlín, en este momento no estamos en casa o no queremos atenderle. Deje su mensaje después de la señal o quédese con las ganas.

BIP

… (clap)

Fin del mensaje.

5

A lo lejos, Daniel pudo ver una importante edificación con varias avenidas que la atravesaban, Luces de diferentes colores iluminaban lo que eran sus calles aledañas, que se dividían en varios carriles señalizados por carteles luminosos con un número diferente cada uno. El micro se metió por donde estaba marcado el numero cuarenta y cinco, evadiendo al ochenta y ocho, cincuenta y dos, y otros. El final de la calle desembocaba a una de las fachadas del edificio de dos pisos, que a pesar de no ser muy alto, se expandía a lo largo de varias manzanas. Antes de chocarse a la acera, el vehículo empezó a frenar al mismo tiempo que los pasajeros se empezaban a parar y a murmullar indescifrables frases. El recientemente muerto creyó escuchar decir por ahí a un oso hormiguero: “Que asfixia, al fin me voy a bañar. I feel like a zorriner”.

Decidió pararse y cruzar el pasillo del micro para bajarse. Con el perro a la vanguardia y los girasoles a la retaguardia empezó a caminar a pasos cortos. Desde atrás un tiburón blanco pedía por favor que no lo empujen. Cuando Moscú terminó de recorrer el pasillo, no se percató de que nadie conducía el micro. Pero si pudo ver, una vez con los pies afuera, a una figura oscura con un cartel con su nombre.

6

- Posiblemente sea un existencialista –atinó a decir un oficial que junto a su jefe observaba al forense hacer la autopsia del cuerpo a través de un vidrio.

- ¿De donde saca usted esas ocurrencias? ¿Ahora es filósofo? –interpeló con dureza el comisario.

- Del cine… –replicó y se quedó mirándolo a los ojos esperando una reacción que no llegó, así que prosiguió.- El otro día, fui con mi mujer al cine, y vimos una película de esas que uno no acostumbra a ver vio… era un hombre que sufría mucho, un hombre que sabía demasiado del mundo. Un intelectual vio, esos tipos que leen mucho y parecen llevar un gran peso sobre sus espaldas. Y, eh… bueno, tuvo una muerte muy trágica, y hablaba del existencialismo y todo eso.

- ¿Qué tiene que ver con todo esto? –volvió a cuestionar el comisario que ya había tenido un día demasiado agitado, y deseaba volver a su casa urgentemente para terminar de leer esa novela de extraterrestres con la que había lidiado toda la semana.

- No se muy bien, –empezó a argumentar un poco confundido- pero el corazón afuera del cuerpo, papeles con poemas… además el joven estaba haciendo un postgrado en…

- Si –cortó el comisario.- A decir verdad, yo también encuentro algún tipo de relación, pero todavía no se bien de que se trata. Mire, ni usted ni yo sabemos que es el existencialismo, y tampoco sabemos que carajo le pasó a este tipo. Así que basta de especulación y vaya a hacer guardia un rato.

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jueves, agosto 09, 2007

El bals del limbo - Capítulo VII

1

- ¿Así que sus últimas palabras fueron...?

- Si, fueron.

- Por supuesto que fueron, creo que usted no me entendió lo que quise decir. Lo que yo quería decir era que...

- Si, fueron.

- Déjeme terminar.

- Si no me cree, revise usted mismo la escena del crimen.

- Pero mujer, ¡acá no se cometió ningún crimen! ¿De qué está hablando?

- Debería saberlo, usted es el que está investigando.

- Creo que usted no entendió.

- Creo que deberíamos presentarnos.

- Mi nombre es Joaquín.

- Su nombre es Joaquín.

- ¿Y el suyo?

- Su nombre es Joaquín, con eso alcanza.

- ¡No es justo!

- ¿Quién es usted para decir que es justo y qué no?

- Perdóneme, pero ya me está cansando su retórica barata.

- ¿Perdón?

- No, esta vez fui yo el que pidió perdón.

- Solo preguntaba.

2

Es un juego, entre el fuego y las horas. El viento aúlla en aquella dirección.

Sin pensar,

sin mirar,

sin sentirte otra vez,

sin jugar,

sin tocar,

sin pararme de nuevo,

no puedo espantar las palabras de mi cabeza.

Ya es tan tarde Daniel, y no podés volver.

3

Sin darse cuenta se había quedado dormido apoyado contra la ventana. Cuando se reincorporó en su asiento, miró con frialdad al perro humanoide que se encontraba junto a él. Él seguía leyendo, pero esta vez, un periódico en francés. Le Monde. Igual aquí que allá. ¿Eso significaba que iba a poder recibir información del mundo de los vivos? Pero, ¿acaso importaba? Nada de lo que él hiciera tendría repercusión del otro lado. Aunque, a decir verdad, nunca nada de lo que hizo aún vivo tuvo repercusión del otro lado. Cuando se asomó por la ventanilla, alucinó. El transporte iba cruzando un puente de gran altura sobre lo que parecía un río sin costa. El cielo púrpura a esa altura, en conjunción con las nubes celestes y estrepitosos relámpagos de color verde eléctrico. El agua celeste de la lluvia se mezclaba con el agua rosa del río y se convertía a su color. Poco tenía sentido, las leyes de la física parecían no tener validez.

4

Pasando el puente, los primeros árboles. Tronco blanco y copa marrón. Pasando los árboles, las primeras luces iluminaban el camino. Pasando las luces los primeros autos, idénticos a los que ya conocía. Pasando los autos, las primeras casas de arquitectura onírica y colores inusuales. Pasando las primeras casas, los primeros individuos: peluches caminando galantemente por la calle y plantas gigantes animadas y lo que más le llamó la atención, seres humanos como él, los que tenían la particularidad de tener el cabello pintado. Pasando los primeros seres inteligentes, los infinitos centros comerciales. ¿Centros comerciales?

5

- ¡Cerrá la puerta con llave y sentate ahí! – le pidió Héctor eufóricamente y con una alegría inmensa al junior. El compañero de Héctor, gerente de la empresa donde trabajaban, Eduardo Permiel, admiraba desde un costado del escritorio con expectativa la acción.

- Si, enseguida. – Cerró la puerta y se sentó frente a Héctor.

- Decime, ¿dónde conseguiste esa corbata? – preguntó entusiasmado.

- Señor, ¿acaso no se enteró? ¡Es una locura lo que pasó hoy aquí!

- ¿Qué? ¿Qué pasó?

- Claro, ustedes seguramente llegaron antes que todos nosotros y vinieron directo a la oficina sin reparar en nadie. – iba relatando el junior, o Paco como lo llamaban sus amigos. – Hoy al llegar a la oficina nos dimos todos una enorme sorpresa. Todavía no podemos salir del asombro, pero seguimos trabajando porque usted sabe que aquí si no se terminan las cosas a tiempo, nos echan inmediatamente. El otro día, por ejemplo…

- ¡Decinos de una vez qué es lo que pasa! – exigió Eduardo interrumpiendo a Paco que ya empezaba a divagar.

- Ah, perdón. Cuando hoy llegamos a la oficina, nos llevamos la sorpresa de que todos teníamos la misma corbata. – mientras lo decía se tomaba del nudo de la corbata y sonreía orgullosamente como quién cumple con su trabajo.

- ¡¿QUÉ!? – exclamaron polifónicamente Héctor y Eduardo.

6

- Señor, ¿tiene fuego? – el viejo se dio vuelta y miró satisfecho.

- Si, como no. – sacó una cajita de fósforos de su bolsillo izquierdo, y le arrancó una llama a la punta de uno de ellos. Le acercó la cerilla y cuando el otro hombre vestido de sobretodo y sombrero negros terminó de encender su cigarro, sopló la punta del palillo y lo tiró por ahí. – Con esta humedad como para no fumar, ¿verdad?

- Siempre llevo conmigo un cartón, para lluvias o sequías no hago diferencia.

- Viene usted por alguien, ¿verdad?

- Si, va a parar en este andén.

- ¿Tiene preparado un cartel? Puedo ofrecerle…

- Ya tengo preparado el cartel, me lo dan directamente en la municipalidad.- decía mientras sacaba el cartel de su sobretodo.

- Ya veo. Daniel Moscú.- leyó. - Debe ser muy joven para que usted lo tenga que venir a buscar hasta acá. Todas tragedias, como siempre.

- Si –pensó-, espero que no sea otro melancólico. A veces odio tanto mi trabajo…

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El bals del limbo - Capítulo VI

1

- ¡No ve lo que le digo! Esto no puede ser coincidencia.

- Mi estimado, hay muchas personas que nacen el mismo día y tienen la misma corbata.

- ¡Pero no esta corbata!

- Como quiera, no estoy dispuesto a aceptar que hay un sentido detrás de todo esto.

- ¿Qué me dice de nuestro hijo?

- ¿Nuestro hijo?

- Perdón, todo esto me confunde. Nuestros hijos. Tienen el mismo nombre.

- Le repito mi estimado Héctor, que el nombre Juan es bastante común.

- Puede que usted tenga razón, pero a mi todo esto me parece demasiado raro. Lo mejor es que sigamos trabajando, tenemos tiempo para discutirlo en el almuerzo.

Héctor tomó una birome y empezó a firmar unos papeles. La oficina donde estaban los dos colegas era pequeña, con una mesa de roble y algunos adornos personales. Fotos, algunos cuadros, títulos de postgrado en la pared. La única ventana alcanzaba para combatir el infierno producido por la calefacción con la helada del piso once. Segundos después de terminada la charla, la manija de la puerta giró y la puerta se deslizó rechinando. Entró uno de los juniors de la empresa con la cabeza gacha y les dejó unos papeles sobre la mesa sin decir palabra.

- Gracias – dijo Héctor mientras buscaba la mirada perdida del joven para darle un poco de confianza.

- De nada – respondió. Giró sobre si mismo y emprendió la retirada.

- ¡Esperá! – gritó Héctor con fascinación. - ¿De donde sacaste esa corbata? – preguntó señalándole la corbata que era exactamente igual a la suya y a la de su colega.

2

Las pinturas se suceden una tras otra y no dejan espacio al tiempo. El camino conduce al mismo lugar en el que perdura, el destino siempre va a ser transitar, perder los zapatos entre la hierba y hundir los pies descalzos súbitamente en el relleno de tierra. Se siguen sucediendo, una tras otra. Tras otra. Tras otra. Lo veo, al primero, entre el aire y el suelo. Es tan vivo. Sus colores, sus formas, su sonido. Quisiera tocarlo. Si tan sólo pudiese tocarlo confirmaría que nadie muere después de morir. Si ella estuviese conmigo, si pudiese disfrutarlo tanto como yo. Mientras tanto, sigo en este viaje rodeado de seres extraños y mágicos.

3

En la zona céntrica de la ciudad, el pesado polvo húmedo, mezcla de los gases de los autos, las plumas de las palomas y también de las cosas que no están, parecía a vista de los seres extrasensoriales, la única causa por la cual la gente no salía de sus casas. Por eso preferían la irrealidad de su mundo, a la realidad, a la que definían con recelo como un submundo.

4

Colección “Introducción a la muerte”, de Brian Shelman, “Los seres afables”

“El tribunal del GPI ha llamado a considerar a aquellos personajes graciosos e indefensos que habitan las ciudades del mundo de los muertos, como guías, ejemplo y sobre todo, compañeros de los recién llegados. Esta virtud otorgada por el tribunal, les confiere ciertos beneficios que otros seres, como los intransigentes, no poseen. Entre los bienes más llamativos podemos encontrar:

- Departamento céntrico con buena vista y posibilidad de subir a la terraza.

- Grandes cantidades de papel enviado mensualmente a sus domicilios.

- Acceso a la sintonía de radio para sueños felices.

- Pasajes de tren y de globo ilimitados.

- Un paquete de pastillas de menta y caramelos de colores por día.

- Una estrella imaginaria con su nombre.

5

¿Por qué llueve?

Las nubes están compuestas por pequeñas gotitas de agua, que por determinadas circunstancias meteorológicas, se condensan en gotas más grandes y caen en forma de lluvia. Estas circunstancias meteorológicas, son un gran enigma para los metereólogos, que desde el principio de los tiempos intentan vaticinar con exactitud el instante y el lugar donde van a empezar a caer las primeras gotas. Lejos de ello, día a día se encargan de confundir a los lectores de diarios, telespectadores, radioyentes y demás usuarios de los medios de difusión.

6

Mire señor Moscú, las nubes celestes. Parece que la ciudad le va a dar la bienvenida con una buena sacudida. Aquí como en todos lados las nubes prevén lluvias. ¿Alguna vez viste gotas celestes, casi azules? Tranquilo, no te van a manchar la ropa. Mirate en el espejo como estás vestido. El señor solemne eligió para usted unos hermosos pantalones rojos y una pintoresca campera azul Francia. No se puede quejar de su sobria remera negra, le queda perfecta, combinan con sus zapatos también negros. Parece que hubo un pequeño problema magnético y su cabello quedó azul oscuro, espero que no le desagrade.

7

Cuando uno asume que ya no hay vuelta atrás, tiende a dejarse llevar y a no buscar respuestas. ¿Acaso hay algo más definitivo que la muerte? Rodeado de todos estos peluches, ¿Adónde va, adónde va?

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El bals del limbo - Capítulo V

1

- ¿Usted cree en las coincidencias?

- ¿Qué tipo de coincidencias?

- Ya sabe a que me refiero, las casualidades. Por ejemplo, hoy usted y yo. Llevamos la misma corbata y ambos le pusimos a nuestro primerizo el mismo nombre.

- Bueno, eso sin duda es una coincidencia, no hace falta creer en nada para darse cuenta.

- Perdone, me exprese mal. Lo que quiero decir, es si usted cree que hay algún sentido detrás de estas cosas.

- Causalidades, simultaneidad, sincronías. Astrología, I-Ching, destino.

- Una mezcla de todas esas cosas. Cuando lo vi entrar con esa corbata me llamó mucho la atención, la compré en uno de los viajes corporativos a Australia y creía que era la única persona de este lado del planeta con esa corbata.

- No se olvide que trabajamos en la misma empresa, y que yo también viajo de vez en cuando a Australia. Estuve en el mismo hotel que usted y el local donde yo compré esta corbata (y seguramente usted también), se encontraba a menos de dos cuadras de allí. Trabajar aquí, en este enorme edificio lleno de oficinas, acostumbrados siempre a ver lo mismo, puede condicionar horriblemente nuestros gustos.

- Vaya, entonces hay muchas más coincidencias. Cuénteme más acerca de su vida.

2

Que pesados siento los ojos. Creo que me quedé dormido en algún momento. Por Dios, que sueños más horrorosos. Escucho el motor andando, y muchas voces. Casi toda la gente se baja en la parada anterior a la mía, pero parece que vamos llenos. Debe faltar menos de media hora hasta mi parada. Voy a descansar un poco más, estos viajes me destruyen.

3

Abra los ojos Señor Moscú, se va a llevar una sorpresa.

4

Cuando Daniel parpadeó para refrescar la vista, no entendió absolutamente nada de lo que vio. Al lado suyo, un labrador humanoide de peluche iba leyendo un periódico en japonés. En los dos asientos del otro lado iban dos girasoles gigantes tomados de los tallos parloteando amablemente sobre jardines y música clásica. Entre el medio iba un enano de piedra amatista tomando una botella de agua mineral. Las butacas del micro eran mitad azules y mitad negras y estaban ocupadas por las más delirantes criaturas que jamás hubiese soñado.

5

Hola. Si, regalería Berlín, es aquí. ¿Qué necesita? Si, si, tengo en stock. Dígame entonces. Un peluche de labrador con una tarjeta. ¿De qué color quiere la tarjeta? A ver, dícteme. ¿Para Beatriz? ¿Cuál es su nombre? Ah, quiere hacer un regalo anónimo. ¿Ella sabrá que es usted? Si, perdone, es que muchas veces he recibido quejas de los clientes porque sus amantes no pudieron jamás resolver de quién era el regalo. No, por supuesto, usted tiene toda la razón, ella va a saber que es de usted. ¿Algo más? ¿Girasoles? ¿Pero por qué quiere girasoles? Está bien, voy a tratar de conseguirlos. Tenemos una oferta genial sólo por hoy, le puedo ofrecer una imitación de la gema correspondiente al signo zodiacal de Beatriz. Si, solamente diez pesos. ¿De qué signo es? Piscis, bueno, una amatista. Si, ya le dije que son imitaciones, somos comerciantes no Papá Noel. El total, son cincuenta y cuatro pesos. Dígame su dirección y la de Beatriz. Que lindo nombre Beatriz. Bueno señor, en un par de horas nuestro mensajero pasará por su casa para cobrar y por la de Beatriz para entregarle sus regalos.

6

- ¿Causas de la muerte?

- Naturales, colapsó su sistema nervioso y tuvo un paro. Stress, demasiado café y cigarrillo. Probablemente drogas, estamos terminando los peritajes.

- ¿Nada más que agregar?

- Por ahora no, cuando averiguemos por qué su corazón apareció saltando por el costado de la ruta, posiblemente tengamos noticias.

- Gracias doctor.

7

- ¿Causas de la muerte?

- Pánico escénico. Estaba confundido, se sentía impotente. Era incapaz de seguir con su vida. También ayudó mucho el café y ser fumador pasivo.

- ¿Algo más?

- Su corazón explotó y salió corriendo fuera de su cuerpo. Las autoridades del mundo de los vivos lo atraparon.

- Espero que no lo interroguen.

- No saben como hacerlo.

- Hay alguien que si.

- Pero él no nos preocupa, ¿verdad?

8

- Hola, regalería Berlín. Si, ella habla. ¡Paco, que sorpresa! ¿Cómo estás? ¿Por qué esa voz?… ¿Qué paso? ¡¿Cómo?! … – Soltó el teléfono y cayó sobre uno de los ayudantes que fue finalmente el que recibió todo el daño de la caída al golpearse contra una mesa. Tardaron varios minutos en reanimarla y horas en calmarla.

9

Vamos amigo, mire por la ventana. El cielo, adivine. ¿Qué color es el cielo? Es borra vino. Hermoso. De día el paisaje aquí es casi marciano. Y de noche, es así de hermoso. Las estrellas, mire las estrellas, no deje de mirarlas. Amarillas, brillantes, titilan y son más grandes que las que usted conoce. ¿Y sabe qué? Se mueven, juegan, se mezclan, dibujan el cielo. Maravilloso, mire como se abre el cielo. Son los dioses que respiran.

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El bals del limbo - Capítulo IV

1

¿Habré hecho algo malo? ¿Debo arrepentirme de algo? Se acerca cada vez más y no se que hacer, por años enteros no supe que hacer. Pecados, ¿Dónde están mis pecados? Ya no tengo memoria, ni siquiera me puedo considerar aire, aunque, de alguna manera… siento que soy espacio. Soy espacio sin tiempo, soy vacío y desnudo. La música dejó de sonar.

2

Están cara a cara, ambos tienen cara. En las tinieblas ambos tienen cara, y tienen voz. Las tinieblas, una cosa. Masa negra y espesa que desvía la luz. Pero su cara emana luz. Y ahora las dos caras emanan luz. Un reloj. En el cielorraso hay un reloj. Está parado. Sigue parado. Congelado. Alguien levanta una mano desde el fondo y grita: “silencio”. El silencio se da por aludido y empieza a caminar hacia la persona que lo llamó. Tic tac. Tic tac. El tiempo empieza a correr, en diagonal.

3

- Alguien que revise su billetera, tenemos que avisar a la familia.

- Enseguida capitán.

4

INFORME Nº 1

Objetos encontrados dentro de la billetera:

- Dos billetes de diez pesos, cuatro de dos pesos y un peso ochenta en monedas de diez centavos. Tres de las monedas se distinguían del resto por razones que desconocemos.

- Un pasaje de micro usado. Creemos que pertenece a este viaje.

- Un papel con frases sin sentido: “Ignotos himnos en enjambres de tocino y establos de cereza, firmemente atrapan dislúcidas ideas de certezas inabsolutas”. Posiblemente sea un artista frustrado.

- Un carnet de videoclub, Nº 2385. Jamás devolvió “Jurassic Park”.

- Dos tarjetas de crédito, que por lo que averiguamos, están al día.

- Documento con datos personales: Daniel Moscú; veinticinco años, tres meses y dos días; soltero; argentino.

Otros datos:

- Un número de teléfono anotado en la mano en color negro.

- Le robaron el celular hace una semana y por eso no lo llevaba encima.

- Una lapicera azul.

Como usted nos pidió, continuaremos la investigación de aquello que ya sabe en el más perfecto secreto.

5

Colección “Introducción a la muerte”, de Brian Shelman, “Primeros Pasos”:

“… cuando el señor de la energía llama al silencio, y el tiempo empieza a transcurrir, es cuando se da el famoso salto dimensional del que hablamos anteriormente. […] Una vez terminado el vacío, el sujeto en cuestión será enviado en estado absoluto de conciencia y con un nuevo cuerpo adecuado a la situación, a una de las ciudades postmortem. Es probable que encuentre varias similitudes entre el mundo de los vivos y el de los muertos, lo que no es coincidencia. Es parte del GPI, siglas del Gran Plan Infinito”.

6

Big bang. Plam, puf, paf, golpes golpes golpes. ¿Dónde estás? ¿Donde estoy?

7

El tiempo empezó a correr a una velocidad imposible de medir, un humo en forma de espiral caía desde el techo al mismo tiempo que formas doradas se empezaban a reflejar en su sien. Las densas tinieblas se fueron desdibujando y pudo vislumbrar que se encontraba en el mismo micro que había tomado esa mañana. Estaba vacío. Tuvo la sensación de que algo le quemaba. Desde su pérdida de conciencia, se había sentido liviano, como si fuese el gas más ligero jamás inventado. Tomaba peso, subía la sangre y empezaba a recorrerlo. Tuvo la impresión repentina de que lo atoraba un gran nudo en la garganta. Oxígeno, lo sentía entrar a cuentagotas. No era suficiente.

8

No

es

suficiente.

Me

Desmayo.

9

Si pudiese recitar un poema, recitaría uno de Cortázar.

La breve pausa de la dicha

Gira en el aire y es pétalo

Posado apenas en tu pelo

Con las abejas de la brisa

Danzando vas en la belleza

Que fluye de esa dicha leve

Oh niña que no ves moverse

Las alas de una rosa negra

9 bis

Si pudiese escribir un poema, escribiría este.

Si no fuese por la anestesia,

Que condensa lo mío en mi,

Y los cuerpos independientes

Uno del otro y de los días.

El frío de los vidrios ajenos,

Las mejillas de cielo creo,

Desaparecen en su lugar

Y en toda la mentira que veo.

Que veo, te veo, te respiro,

Te expulso y te rechazo,

Te lastimo y me voy de lado,

Solo yo me puedo vengar de mi.

miércoles, agosto 08, 2007

El bals del limbo - Capítulo III

Un papel amarillo, escrito con birome negra una noche de invierno y con poco pulso.

El “ya está” duró demasiado poco esta vez. Todo había sido un sueño. Me pregunto como mi inconsciente puede ser tan cruel. ¿Cómo me puede engañar de esa manera sabiendo que está jugando con un fuego capaz de destruirme en un solo instante? Sentí por un momento como la cura se inyectaba en mi corazón enfermo y tomaban forma las lágrimas de armonía. No vi el momento en que sus labios se adelantaban a mi boca, porque cuando uno sueña tiene los ojos cerrados y el alma abierta, indefensa. Y la puñalada más fuerte, la traición a mi existencia vino de mi parte, en esa trampa intemporal de la conciencia.

Perturbado, sin vida, sin ganas, sin fuerza.

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El bals del limbo - Capítulo II

PRIMER ACTO

¡Dios mío, no es posible! Estoy muerto y… jamás pude mirarte a los ojos siéndote sincero. Tiene que ser un sueño. Debe serlo. ¡Díganme que es un sueño! ¡Que alguien me despierte!

SEGUNDO ACTO

Nadie puede decir que hay después de la muerte. Pero si hay muchas teorías sobre que hay durante la muerte. Desde los antiguos hasta la modernidad, este tema fue foco de religiosos, espiritistas, políticos, economistas, vendedores de diario, francmasones, panaderos y jugadores de fútbol. Sin duda, los que lograron un acercamiento más bien concreto, fueron aquellos que murieron.

TERCER ACTO

La especialidad de la casa, risotto de ave.

Primero preparamos en agua hervida, un caldo de gallina agregando un cubito por cada medio litro de agua. En otra sartén, salteamos cebolla, ajo en una base grasa de manteca y aceite en iguales cantidades. Le ponemos abundante sal para que las verduras suden y larguen todo su jugo. Luego les podemos agregar extracto de tomate, pero con cuidado para que no se queme. Arrojamos el arroz en la sartén, convenientemente de Piamonte o de China, y doramos por medio minuto. Una vez hecho esto, empezamos a incorporar el caldo hervido sobre el arroz, poco a poco. Para no quedarse corto, el caldo debe ser el triple en cantidad que el arroz. El resto queda a suerte del cocinero. Sal y pimienta a gusto.

CUARTO ACTO

Que hambre. Una vez solo, siempre solo. Ahora estás quién sabe donde, esperando a quién sabe quién… nada puede estar peor. Tranquilo, a veces los giros de la vida que parecen contradictorios a nuestras intenciones nos llevan a lugares felices, llenos de paz. Perdón, lo olvidaba. Vos estás muerto.

QUINTO ACTO

La comida que hicimos anoche parece que no le gustó demasiado. Me miró extraño toda la cena, ¿le estará pasando algo? Cada día le gusta menos el risotto o cada día le gusto menos yo. ¿Alguna vez le habré gustado? Si en todo este tiempo… no puedo pensar más en eso. Tengo que llamarlo, tengo que saber si algo le pasa. Siento un poco de vergüenza, a veces creo que puedo hacer un movimiento de más y perder todo lo que fue hasta ahora. Él es bastante duro con la gente, tiene un corazón enorme, pero no le importa quebrar las reglas interpersonales. Si algo le cae mal, se desliga automáticamente. Muchos creen que es frialdad, orgullo. Yo creo que tiene un corazón muy frágil. Aunque a veces, parece estar lejos aún de un robot con sentimientos.

SEXTO ACTO

Esa canción, esa canción. Si, reconozco esa canción.

“Tiempo del reloj

nos llama a jugar

con la realidad

horas pasar

un lego muy Marx

un bolche fantoche

un rojo reproche

cubierto en descanso

paseos y mar”

La cantaba en el colegio, la compuse con mi mejor amigo de la secundaria. Soy de los que intentaron con el arte, y quedaron en el camino. ¡Que alguien me diga que camino es este!

SEPTIMO ACTO

Una retrospectiva de tu vida, eso está en todos los libros. Es de saber popular, dejame explicarte: cuando uno está a punto de morir, todos los recuerdos de su vida pasan como una cadena de film por su mente. Pero claro, otra apreciación desafortunada. No estás a punto de morir, ya estás muerto.

OCTAVO ACTO

Bueno, bueno, parece que al fin alguien viene a aclararnos las cosas.

NOVENO ACTO

Luz. Nunca vi ese color. Creo que hay una persona ahí. ¿Es posible? Se acerca y… siento temor. ¿Por qué siento temor? ¿Acaso la muerte no es dulce? ¿Habré hecho algo malo en mi vida y estoy por recibir el castigo? Estoy aterrado y ¡no puedo huir!



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El bals del limbo - Capítulo I

PRIMER ACTO

Escucha el tren pasar, los pasajeros abordar, el tiempo transcurrir y el aire limpiar el borde de sus anteojos. Mira su reloj y desciende las escaleras, está por llegar su transporte. Un largo autobús de dos pisos, en su imaginación una imitación de un rectangular letrero rojo alguna vez esbozado por algún artista puntillista, pero que en la realidad es un monstruo de la mecánica color borra vino y víctima del marketing de una cadena de supermercados. Mundo mercado, ¿Dónde quedaron los sueños de la ruralidad? No deberías haberla dejado sola.

SEGUNDO ACTO

Lo avanza la melancolía. Teme dar el paso para subirse. Dejen de empujarlo, está pensando, nadie puede pensar bajo la presión de los oficinistas, si de los vagos. ¿Habrá asiento? Se lo pregunta tan solo para evitar preguntarse otras cosas. ¿Por qué viajo? ¿Por qué viajo? ¿Y por qué viajo? Todo debe hacerse lejos de casa, diría años más tarde algún filósofo con gustos finos por los viajes. Malditos urbanizantes, malditos sean, déjenme volver a casa, donde quiera que esté. Te fuiste sin preguntarle, ya es tarde.

TERCER ACTO

No fue tan atroz como parecía. Una vez que el conductor corta el pasaje, ya todo lo anterior es historia. Los planteos se desplazan al subconsciente y dejan lugar a las ideas frescas. Música para soñar. Ah, no había asientos. Soñar parados. Las moscas se harían un festín entre tantas bocas abiertas, todos dentro del micro viajan como si se los hubiese congelado en el tiempo en el acto del bostezo. Mueve la cintura al ritmo de las curvas, el tránsito crece al ritmo de la inflación y mientras más sube el precio de la nafta, más autos hay en la calle. Mientras la gente está más loca, también está más cuerda y deja el dinero colgado de los árboles para que todos los veamos y lloremos cuando tengamos ganas. Perdiste la oportunidad de decírselo, será mejor que guardes las lágrimas.

CUARTO ACTO

Sonido de frenadas. ¡Pero nada se mueve!

SEXTO ACTO

¿Dónde estoy? ¿Qué sucedió? ¿Dónde están todos? Cree reconocer esa música, pero no está seguro. Lo asocia con la idea de un robot con sentimientos, de una flor con pétalos marcados con trincheta, de pintura amarilla disuelta en saliva seca por la soledad. ¿Por qué no siento mi cuerpo? ¿Por qué siento que ya no estoy vivo?

SEPTIMO ACTO

Está todo en penumbras. Sigue dentro, no ve nada pero sabe que sigue adentro. Está abrazado a algo, algo que no es alguien. No siente presencias alrededor suyo. La perturbación inicial desapareció como una bomba de humo terminada la guerra. De pronto todo era todo y todo era nada. La dualidad era un concepto inaceptable, el mundo entero coincidía en la unidad. Santo Tomás estaría orgulloso.

OCTAVO ACTO

De cómo llegó a la idea que todo había terminado. ¿Qué fue esa frenada? ¿Por qué se nubló todo? ¿Qué es esta oscuridad que al mismo tiempo siento como luz?

QUINTO ACTO

Mientras un buceador atrapaba entre sus manos a un pez raya en un país muy lejano, un ciclista subía cuesta arriba un puente, mientras dos autos se posicionaban ocupando los dos lados de la calle y un señor monstruo borra vino los seguía a velocidad constante a unos cien metros. Cuando el ciclista llegó a lo más alto, vio que ningún auto pasaba y se dejó llevar hacia abajo por la gravedad para no producir fricción en sus ruedas desgastadas, reflejo de sus frustrados sueños. Cerró los ojos para sentir el aire golpear sus párpados como las ventiscas polares sobre las ventanas de su casa. Así no pudo ver la colisión que se producía a doscientos kilómetros de ahí, que de todas maneras no hubiese visto por la gran distancia. Aunque eso si, siempre está la televisión. Y las películas. La industria cinematográfica hubiese calificado la acción del conductor del Ford azul como un acto heroico. Sin embargo, el conductor del otro Ford negro hubiese corrido otra suerte, de haber sobrevivido hubiese sido víctima de cacerolas y estruendos, de esos que duran toute la nuit. El micro que venía atrás llegó a frenar, y a desbordar por el costado derecho mientras los dos modelos de la misma empresa se superponían y empezaban a girar por los aires. Por lógica, los pasajeros del transporte de la línea de colores sofisticados y marketing debían estar a salvo. Por suerte y por desgracia, la realidad pocas veces es lógica, ya que uno de los que iba parado, ante la frenada sufrió un shock producto de la mezcla de cansancio y cafeína. El shock lo hizo caer y golpearse la cabeza con uno de los brazos de la butaca veintitrés. Al instante quedó inconsciente, como era de esperarse. Pero nadie esperaba, que segundos más tardes, su corazón explotara y saliera de su cuerpo.

DECIMO ACTO

Estás muerto.

DECIMOPRIMER ACTO

Dejame repetirlo, estás muerto.



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Au revoir 1/2

Desde un principio, me empeciné en patear la pelota para adelante y considerar lo real como un reflejo utópico en vías oníricas. Me limité a parpadear pocas veces por día para estirar el tiempo, y me dio resultado, no me puedo quejar. Sin embargo, en algún momento me iba a quedar dormido. No tiene nada de malo quedarse dormido, pero fue muy loco que aún dormido haya podido rendir esos dos finales y encima aprobarlos. Dormir, morir, ¿tal vez soñar? No, el riesgo de soñar se limita al ámbito metafísico, me conformo con decir que el riesgo es despertarse tarde. Si estoy escribiendo esto hoy por hoy, cuando todavía a todo le falta un golpe de horno, es porque estoy en hora.
Es vital generar en torno mío la mayor cantidad de energía posible para emprender este primer y pequeño vuelo, que tengo absoluta certeza que no va a ser el único ni el último. No me alcanza con mirar al cielo y consultarle nuevamente a mi estrella si me esperan cosas grandes, porque esas cosas ya se me empiezan a venir encima y empiezo a encontrarme con nuevos y desconocidos caminos que se materializan ante mí aún antes de ser soñados. Por eso, a los que quiero y a los que considero lo suficientemente locos como para innovar y arrancar del vacío nuevas piezas y colores que algún día serán comunes… quiero de todos ustedes, un poquito de atención y elocuencia para darles una buena campanada retórica a los que dicen que el tiempo y la distancia son capaces de romper con todo lo existente.
Pero no me voy a quedar en esto nada más. Ya tengo muchos planes y misiones que cumplir, que seguramente consume cuando termine de recoger del árbol de la motivación ese poquito de causa que se necesita. Entre nuevas luces, donde esperan los primeros aviones con sus alas abiertas, afirmando el destino de los individuos, hacia allí iré buscando extraviarme en el azar para así engañar la fortuna. Aún en la aspiración de cruzar límites, soy realista y creo que es inevitable que en algún momento, la fuerza y la valentía de ponerme al frente de mi vida, se conviertan en desesperanza o simple timidez, y mi vida quede estancada en mi negativa a llamar a un delivery. En caso de caer, tengo la convicción de que siempre va a haber alguien detrás de mí para atajarme. En caso de no ser así, mi chichón será llamado “Convicción”.
¿Hacia donde voy? ¿Estoy buscando algo? Hay algo que va más allá de todo y yo lo nombro de alguna manera, como “el fin de los fines”. Cuando amamos a alguien, cuando queremos estar con esa mujer sea como sea, y por diferentes razones no lo logramos, somos capaces de agotar todos los medios que están a nuestro alcance para conquistar nuestro objetivo aún a modo de proeza. Lo mismo si nuestras intenciones son económicas, sociales, políticas, etc. Si somos suficientemente capaces como para no enredarnos en nuestra propia lógica, posiblemente logremos nuestro propósito, nuestro fin. Una vez concretado el fin, como surgido de un alegórico órgano de la felicidad, a nuestro cuerpo lo invade un extraño inquilino: la satisfacción, la autosuficiencia, la suficiencia en si misma, la superación de las ambiciones en toda su amplitud. No obstante, este sentimiento que nos llena de pies a cabeza, en algún momento caduca, y nos pide algo aún más grande. Algo que incluso podría estar fuera de nuestras necesidades, algo que hasta podría afectarnos por las vías de lograrlo o en el mismo logro. Esto es lo que podría llamarse, el problema infinito de la vida, que nos puede llevar a una condicionada prosperidad por la ambición desmedida, o a la desdicha de no alcanzar nunca nuestras aspiraciones. Ciertamente, este problema no tiene solución. No acepto las soluciones de los pobres de dinero o de corazón, cuya mayor alegría consiste en mostrarse más desdichado que los demás, regodeándose entre la lástima, buscando conmiseración en los ojos de los que no sufren tanto. Lo mismo aplico a todos los casos innobles y primitivos que buscan que el hombre se conforme con cualquier cosa, clichés abstractos y categóricas aceptaciones de la realidad. Aquí hay algo claro, y parece que nadie se dio por aludido. Hacia allí voy, al fin detrás del fin, a buscar la aguja detrás de la puntada. Si nos diésemos cuenta que lo único que realmente nos sirve es eso, utilizaríamos toda nuestra vida viajando por el mundo, la galaxia, el universo, e incluso dentro de nuestra mente. No se cómo ni donde encontrarlo. Tengo algunas pistas, conozco personas… pero nada seguro 
Cómo toda búsqueda, incluye momentos de gran buenaventura, así que tranquilos, que mientras el capitán tenga en claro hacia donde va, el barco seguirá flotando. En caso de posible hundimiento, aplico lo dicho anteriormente: “Convicción”.

Me despido con una propuesta para los más audaces…

Dejen de soñar. A vivir, ya que de por si, la vida es sueño.

viernes, junio 22, 2007

Adonde voy

Se que el tiempo acá se acaba, pero no se que viene después. El destino ya me sirvió el plato de entrada, pero el aroma del plato principal que viene desde la cocina, es indescifrable. Tengo ideas vagas, pero tan vagas. No entiendo como estoy parado donde estoy, a esta altura yo ya tendría la vida planeada al menos hasta terminar la facultad. Ahora no se cuando empiezo, no se donde voy a vivir, no se con quién voy a ir, no se para qué voy a ir. Y eso es lo más grave, que no se para donde ir. Me preocupa, pero no tanto, Hay un sentimiento dentro mío que es mas grande que opaca el miedo a lo desconocido, el miedo a la soledad. Nunca creí que iba a motivarme en todos los campos de la vida, desde chico lo siento y es algo extraño tenerlo frente a mi en cada día. El factor sorpresa. Siempre me atrajo la idea de improvisar, y no me refiero a hacer un Match. Conocí gente, circunstancial en general, que me llevó por los caminos del azar. El azar es una red, una vez que entrás, te perdés y encontrás la salida solo cuando tu cuerpo no da más. El azar es la vida, es la música, el arte, el cine, la escritura, el amor.-

Hoy soy feliz, aún faltándome muchas cosas. Desorientado puede ser, pero soy un desorientado que sabe que quiere. Se que quiero todo y me conformo con nada. Confío en que la libertad no te pone límites. Creer en el movimiento continuo no te obliga a moverte constantemente. Es natural que a cada rato queramos más cosas, pero no hay que desesperarse. De alguna manera, medio esotérica, siento que es lo que me toca vivir en los próximos meses. No, no lo sé, pero lo siento. Se que no falta mucho para que me den una gran oportunidad, se que no falta mucho para que se me llenen los ojos de lágrimas. Pero ahí la elección es mía. Llorar para afuera o llorar para adentro. Largar o dejar.

Todo es cuestión de elegir, y yo elijo esperar las opciones. Una vez que lleguen las opciones, voy a hacer lo que debo hacer: irme por un camino alternativo. Es obvio que no me voy a quedar con lo que me den.

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miércoles, junio 20, 2007

Derivar

Cuando cruzé el Teatro Argentino, ahí me comencé a cansar. Pero igual, no le di mucha importancia, ya me había planteado una meta y no iba a parar hasta llegar a ella.
La lluvia no era lluvia, el aire si era lluvia. Como una cortina de seda, húmeda tocaba cada lienzo de mi ropa y lo que llevaba encima, desde la punta del paraguas hasta la goma de las zapatillas.
Fue pasando 52 cuando empecé a sentir como mis pies se empezaban a bañar con el agua proveniente de la humedad, los charcos (los que no pude saltar), los maremotos provocados por los culpables pero culposos conductores de auto, uno que otro de moto, y también un poquito por la llovizna que era la principal causa de todo.
Me plantee varias veces subirme a un taxi o llamar a un remisse y volverme para casa, o simplemente que me lleven a donde tenía que ir, pero claro... no puedo decir una cosa y después hacer otra. Ya le había dicho a un amigo que iba a ir caminando, por lo que, hacer otra cosa, sería mentir. Podría aclarar que en realidad me había llevado un remisse y eso aclararía todo el problema, existente seguramente solo en mi cabeza y en la de algún fiscal paranoico, pero por suerte no se había cometido ningún crimen, todavía. Había algo mas, que estaba antes que todo eso. Yo siempre respeto mi primera palabra por ley, y mientras el único perjudicado aparente sea yo, la voy a llevar a cabo hasta donde sea. A la larga esto es bueno, sino no lo haría. Proponerme una carrera, una aventura, son cosas que me gusta hacer siempre, aunque para algunos sea una boludez. Es cierto inconformismo. Si, seguro. Pero es ese tipo de inconformismo que al sentirlo te llena.
Una ventana cerrada, una persiana semiabierta. La habitación a oscuras, solo iluminada por la luz del monitor y alguna que otra lámpara al fondo. Una chica parada, una computadora, estantes llenos de libros de colores. Desorden total. El desorden significa que hay cosas importantes que esconder. En el desorden se esconden mejor las cosas. No es tan difícil como se cree comúnmente, perder algo en medio del desorden; lo mágico acá, es que una vez que logramos perder ese algo, se vuelve casi imposible encontrarlo, y por el mero hecho de encontrarlo, estamos aptos para escribir veintitrés oraciones de sonrisas en nuestro tabloide interior.
Descubrí muchos lugares. Templos bohemios. Ahí el arte tenía precio en blanco. Y lo más impactante, el magnetismo del artista, que hace que pasemos y nos acerquemos por su puerta, que sintamos sus colores con solo oler los óleos, que escuchemos sus monólogos con solo imaginarlos, que los acompañemos en su canto con solo pisar la vereda mojada.
Desde el vamos me había planteado que iba a tomar el camino más demente, que iba a ir por aquellas calles que jamás había transitado y que además iba a meterme en todo lugar donde sepa que no es conveniente para andar solo, menos un día de lluvia.
Lo mejor hubiese sido encontrarme con alguien con más cabeza que yo que me diga: "No flaco, acá no te metas porque no se puede". Pero bueno, ya que no lo encontré, seguí de largo y me metí con los pantalones ya destruídos y empapados, en Villa Resbalada. Parque gigantezco que no reconocí hasta que después pregunté que era. Que más sino, que el Parque Saavedra, que tantas veces recorrí, y tantas veces crucé para ir al Castañeda. Hacía tanto que no me metía por allá, que claro, ni se me ocurrió pensar que podía estar en un lugar conocido. Iba atento a otras cosas, en cada paso descubría algo nuevo que sin saber, a veces conocía. Meterme hasta el medio del parque fue una lección de lo poco que pude "derivar" en La Plata, o al menos, no por aquellas zonas. Jamás me resbalé tanto a cada paso como ahí, estuve a punto de enterrarme en arenas movedizas al menos cien veces y hubiese sido patético que me encuentren ahí, boca arriba como una tortuga y lleno de barro, esperando que salga el sol y que seque todo, o que pase algún golfista confundido en su carrito. Obvio que vi sirenas, y surfistas, pero ya me era imposible seguir avanzando, así que decidí rodear la circunferencia del parque, como desde el principio tendría que haber hecho. Fue casi imposible salir, no se podía caminar, había que arrastrar los pies, me sentí Piñón Fijo. Y si, me empecé a reír como un enfermo. Pasó un obrero en bicicleta y casi me voy al carajo, me reí tanto en ese momento, pero tanto. Pensé que se iba a dar vuelta para compartir la risa, pero no, claro, el señor debía llegar a su casa. Yo no, no quería llegar sin antes ganar el premio.
Viejos recuerdos. San Francisco de Asís, el Padre Pablo, los hermanos Franciscanos. Los kioscos donde iba cuando era chico con mi mamá, la casa de algunos amigos, unos almacenes y sobre todo las calles. Y no, no voy a contar todo, porque hay tesoros que junté en las mil millones de cuadras que no se pueden contar acá, tal vez en una noche estrellada cuando vos y yo, ella y yo, él y yo, ellas/ellos, todos, quieran compartir un secreto de esos muchos que tiene el universo.

Sin corregir, arriba, en crudo que así vale más.

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martes, junio 19, 2007

Cuando el vino hierva

Vuelan los temores
Vuelan las ansías en sus corazones
Porque tus mentiras rompen

Las cadenas de mi calma
Cae mi cuerpo en tu ilusión
Cuando el vino hierva entonces

Los planetas ya tan ciegos
no entenderán a quién avisar
ya que tu maldad es tanta que

Antes de llegar
estás antes de haber llegado
es tu mundo, tu inconciencia

De repente no puedo respirar
nada siento y me empieza a hacer mal
es el humo, es tu impiedad
no me deja mirar

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El tupé de decirlo

Esas cosas que tapás viste, vos sabés de lo que te hablo. No te gusta mostrarlo entoncés lo tapás, le ponés tapa, lo retorcés y lo desvirtuás para que nadie se de cuenta o nadie entienda de qué estás hablando. Ya lo tenés y no sabés como hacer... me escondo yo, lo escondo a él, escondo a todos los demás, los demás me esconden a mi, y así la termino por esconder a ella. Con eso alcanza para confundir, sobra en realidad. Hahaha, it's so funny, y ahí te diste cuenta que te mataste de risa.

Uy

Ahora que estás muerto, ¿qué vas a hacer? Todos se van a dar cuenta, lo van descubrir, te van a señalar con el dedo y te van a mirar mal... o no, ¿y si es al revés? Pero no seas idiota, si no te moriste, era una metáfora. Bien que te quedó la duda ahora, la duda, famosa duda, que duda, no dudes de la duda. Tenés la oportunidad, podés revelar todo y hay dos chances. ¿Sólo dos? No, no, hay muchas más, contémoslas... mil, nueve, trece, doce... y si, son bastantes. Son como infinitas. Capaz que no depende de los demás, sino depende de cómo lo digas. Vamos por partes, ¿qué piensan ellos de vos? Si, piensan que sos normal. Piensan que sos alto. Piensan que sos bastante alto. Aunque a veces no piensan que seas tan alto. Piensan que hablás poco y a veces no saben si pensás o estás buscando mariposas. Si, ya se que hay pocas mariposas.
¡Entonces no las busques más!

No queda otra, decilo.

Decilo ya.

Sostené la respiración, no podés caer ahora.

Y...?

(yabadabadooo)

Eh... no es mi culpa. Si me hubieses avisado que tus amigos eran caníbales hubiésemos evitado como la mitad de los problemas.

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lunes, junio 18, 2007

Distintas calidades de pasto

Caminabas, traicionabas, estorbabas, me mirabas, te oscurecías. Imperfectivo me encontrabas, me saludabas, me desentrañabas. Nos veíamos lejos, en la cima de nuestros discos, en la armonía tácita que intuye la melodía, en las pieles desnudas de los animales que no están y en los besos sacrificios de la intensa idea de tenerte accidentalmente entre mi. En el perfume de los días que quedan por pasar, bellos en si, futurísticos si se quiere, germen oculto del pasado.

Te espero, sentado en mi cuna te espero. Absorvo los recuerdos de tus ojos, los entierro abajo, más debajo de lo imposible, y los vuelvo profundos. Al mismo tiempo, corroboro la existencia de las luces y por ende, de las musas que viven entre rayos escondiéndose de los artistas insulsos.

Detrás de la cortina, un suave despertar de redoblante y un do sostenido.

Detrás de la pared, tus caricias y un do sostenido.

Detrás de la luz, nuestra sombra y un do sostenido.

Detrás de todo aquello que es, todo aquello que quedó, que quedó sostenido.

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Golden Slumbers

Feel your eyes.
Y entonces, decido quedarme un rato mas en la cama.
Curiosamente, cada momento que pasa es mas tarde, y en mode onírico empiezo a pensar por qué el tiempo va siempre para adelante, si no hay nada en el mundo que vaya siempre para adelante. Claro, el tiempo no tiene obstáculos, para que necesita retroceder. Yo si, retrocedo, vuelvo a andar, doblo si es necesario, cambio goma por goma. Un clavo saca a otro clavo, pero yo no quiero mas clavos. Quiero un clavel, una clave, pero nadie dijo hasta ahora que una clave saca a un clavo. Es que sin clavo, no hay clave, ni clavel, es indesplazable, indispensable, indisociable sin otro clavo.
Tres de la tarde, ahora si, si no me levanto... ¿qué van a pensar de mi? No, dejen de preguntarme si estoy comiendo o si duermo la siesta. Duermo, porque la noche es el único momento del día que me pertenece. A mi, y a las voces. Oh, las voces, ¿por qué escucho voces a la noche? ¿De donde vienen las voces que hablan dentro de mi cabeza y no dicen nada? Estoy seguro que no las escucho venir del armario, ni del patio, ni de la cocina. Están acá, en mi interior. Somos pocos los que nos podemos dar el lujo de estar locos.
Me siento y espero. Ich liebe dich. No, hoy todo está igual que ayer, la señora dejó la comida en el horno, las cosas siguen tiradas en el suelo, nadie tiene nada que decirme. Y si alguien tiene algo que decirme, no es justamente lo que espero. Pienso en como comprimir el día, como aprovecharlo al máximo y me quedo en una idea que al rato me olvido. No tengo mucho que ponerme, en general duermo casi vestido, así que a lo sumo me pongo un pullover si hace frío y unas zapatillas. Como si se tratase de un deber divino, tengo que demostrar que levantarme tarde no significa nada y busco la mejor justificación. Todos hacen que me creen, yo asiento, y todos contentos. Excusas, excusas, excusas, nací para las excusas. Siempre tengo un salvavidas a mano y es tan contradictorio no haber estudiado derecho. Olvidate.
Almuerzo solo, o con Rial. Cambio de canal y pongo algo bien aburrido así como y me levanto. No me mires con pena, yo amo estar solo. La compañía me cansa, me aburre, me afecta. Trato de vivir como un hermitaño la mayor parte del día, y me posesiono tanto del personaje que salgo al patio a buscar gnomos y leña para el hogar. Junto unas ramitas, unas hojas secas, saludo a los habitantes de los árboles y me vuelvo para dentro. Ah, si, siempre salgo desabrigado, el frío me hace sentir, sentir y sentir.
Vuelvo sobre mis pasos, caminando para atrás, pensando en que significa estar vivo. Entonces, cuando encuentro la puerta y luego de acomodar las ramitas y lograr las primeras chispas, entiendo todo. Fuego, sagrado, etéreo, luz incandescente, brilla sin sol. Ahí encuentro un sentido. Me recuesto en las brasas y vuelvo a sentir, pero esta vez ardo, en carne viva. Me derrito, me convierto en carbón, y el carbón en cenizas. Si me apuro nadie va a saber que estuve aquí. Espero la primer bocanada de viento y me voy al mar. Me voy al mar, luego no se.
Antes de que el candor del fuego atraviese mi piel, mi corazón ya era cenizas. Pero ya no hay tiempo para paranoia. Lo único que queda por conseguir es la sal.

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